Acerca de Nosotros

El conocimiento del mensaje adventista llego a Sudamérica mediante la difusión de literatura publicada en otros países. Sin embargo, el crecimiento de la iglesia requería la preparación de publicaciones locales. La prensa siempre fue un instrumento clave para la predicación del evangelio y el desarrollo espiritual de los creyentes. Al percibir esta necesidad, los pioneros dieron algunos pasos que fueron preparando el terreno para la creación de la Casa Editora Sudamericana. Entre ellos se destacan dos antecedentes, uno ocurrido en Buenos Aires y el otro en Valparaíso.

En octubre de 1896, la Junta de Misiones Extranjeras de la Asociación General recomendó que la Misión de la Argentina publicara una revista de ocho páginas y un pequeño himnario, ambos en castellano.

El primer número de la revista apareció en julio de 1897, con el nombre de El Faro. Fue impreso en la Imprenta La Buenos Aires, ubicada en la esquina de las calles Moreno y Perú, de la capital Argentina.

Poco tiempo después, G.H. Baber y Eduardo W. Thomann decidieron comenzar la publicación de una revista en la Republica de Chile. El primer número de Las Señales de los Tiempos apareció en enero de 1900, y fue impreso en la imprenta G.A. Rohde y Cia., en Valparaíso.

Por problemas de retraso en la impresión de la revista, los responsables decidieron avanzar por fe en la compra de una prensa manual. La adquisición se concretó en julio. El primer trabajo que realizo la flamante Imprenta del Pacífico fue imprimir la revista Las Señales de los Tiempos de septiembre de 1900. Al principio, Eduardo Thomann fue, simultáneamente, lo que hoy llamaríamos gerente, redactor, impresor y vendedor.

La imprenta de Chile presto sus servicios por diez años, hasta que, en una reunión general de la Unión Sudamericana, realizada en Camarero (República Argentina) del 27 de febrero al 12 de marzo de 1910, se decidió que la imprenta de Chile se fusionara con la de Buenos Aires, en esta última localidad.

En 1945, el gobierno chileno comenzó a colocar restricciones para la importación de materiales impresos al país. Esto, por supuesto, causó grandes dificultades a los colportores y a la Sociedad de Tratados de Chile.

La situación empeoró a principios de 1946, y las organizaciones de la iglesia dedicaron mucho tiempo a analizar el problema y sus posibles soluciones. En febrero, la Junta Directiva de la Asociación Chilena solicitó que se estudiara la posibilidad de abrir una sucursal de la Casa Editora en ese país.

Los problemas planteados en la década de 1940 para importar libros y revistas a Chile habían empeorado. En 1952 se sugirió a la División Sudamericana que estudiara la conveniencia de establecer una sucursal con capacidad para imprimir en algún país vecino, presumiblemente en Chile. Sin embargo, habrían de transcurrir más de diez años hasta que la idea pudiera cristalizarse. Finalmente, en 1964 se autorizó la creación de una sucursal en Santiago de Chile, con el equipamiento mínimo de una prensa offset, una dobladora, una engrapadora y una guillotina.

La sucursal de Chile consolidó su funcionamiento, y en 1970 se trazaron planes para construir su edificio propio. Ese mismo año, la Casa Editora donó otra prensa a la sucursal, y en marzo de 1971 se inauguró oficialmente su taller.

El año 1973 fue muy bueno para la sucursal, pues ésta adquirió un vehículo utilitario, compró una vivienda para el gerente e importó desde Alemania una prensa Heidelberg offset. Indiscutiblemente, el Señor estaba dirigiendo los avances.

La sucursal de ACES en Chile tuvo un buen desarrollo durante la última década. En 1993 se autorizó la construcción de su nuevo edificio de Administración, porque un terremoto había dañado seriamente las oficinas existentes.

Ocho años más tarde, la sucursal aceptó hacerse cargo de la administración, la distribución y venta de las publicaciones en Chile. En 1999 adquirió un furgón Hyundai, y tres años después otro, marca Kia Besta.

Cada año renovamos nuestra consagración y nuestra determinación de trabajar con el fin de que las páginas portadoras de las buenas nuevas puedan esparcirse, como las hojas de otoño, hasta cada rincón de este territorio. ¡Así sea!